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Mi hijo adolescente no quería consejos… solo que lo escuchara sin intentar salvarlo


Cuando entendí que no me necesitaba para resolver

Te voy a contar algo que cambió completamente mi forma de estar con mi hijo adolescente.

Un día, llegó del colegio visiblemente enfadadísimo. Tiró la mochila. No saludó. Se encerró en su habitación. Y mi primera reacción fue la típica de madre preocupada: “¿Qué te pasa?”, “¿Te peleaste con alguien?”, “¿Quieres que hablemos?”

Nada. Cero respuesta.

Me quedé parada frente a la puerta sintiéndome inútil. Pero en el fondo, lo que quería no era que hablara: quería que estuviera bien para que yo pudiera sentirme tranquila.

Ahí lo entendí:
Mi urgencia por “ayudarlo” era en realidad una forma de calmar mi propia ansiedad.
Y eso no era acompañarlo.
Era invadirlo.


La gran lección: no siempre quieren ser guiados. A veces solo quieren sentirse vistos

Cuando por fin salió, horas después, se sentó en el sofá con una cara que mezclaba frustración, cansancio y tristeza. Me miró de reojo.

Y en ese momento no le dije: “¿Quieres hablar ahora?”
Ni “¿Ves por qué te digo que tienes que cambiar de actitud?”
Ni “¿Por qué no me cuentas lo que pasa?”

Ese día solo le dije:

“Estoy aqui. No hace falta que digas nada.”

Y nos quedamos en silencio.
A los diez minutos, empezó a hablar. No porque yo lo empujara, sino porque se sintió lo suficientemente seguro como para escucharse a sí mismo.


Escuchar sin interrumpir: un acto de amor más grande que cualquier consejo

Desde entonces, empecé a practicar lo que yo llamo la presencia silenciosa.
No es fácil. Queremos intervenir. Decirles lo que deberían hacer. Salvarlos del dolor.
Pero muchas veces, eso solo los desconecta más.

Escuchar sin corregir.
Escuchar sin resolver.
Escuchar sin opinar.

Solo estar.
Eso ya es mucho más de lo que creemos.


¿Y si no me cuenta nada?

Eso también me lo preguntan muchas madres:
“¿Y si no quiere hablar?”
“¿Y si se cierra completamente?”

Mi respuesta, como mamá y como educadora, siempre es la misma:
Tu trabajo no es abrir la puerta. Es que él sepa que tu no la vas a cerrar.

La confianza se construye con gestos sutiles:

  • Respetar sus silencios sin interpretarlos como rechazo
  • No usar en su contra lo que una vez te contó con vulnerabilidad
  • Estar disponible sin exigencias

A veces no hablan hoy, pero te observan todos los días. Y cuando llegue el momento… te van a elegir para abrir su mundo. No porque los empujaste. Sino porque te quedaste ahí.


Ejercicio real que me sirvió muchísimo

Algo que comencé a hacer fue dejarle notas (en papel, en un mensaje, en su escritorio), pero no para aconsejarlo, sino para reflejar su valor. Como:

  • “ valoro mucho tu forma de procesar las cosas. Te quiero ”
  • “Confío en ti, incluso cuando no sé qué estás pensando. Te quiero ”
  • “Estoy aqui para lo que necesites, siempre. Te quiero”

No habia conversaciones profundas inmediatas , aunque s,i nuestras miradas se cruzaban ,más conexión ,más seguridad, más acercamiento y más conversaciones simples… pelis juntos…poco a poco…… Con el tiempo, esas semillas germinaron. Y florecieron en conversaciones profundas que jamás habría forzado con preguntas.


Soltar el rol de salvadora, abrazar el rol de espejo

Acompañar a un adolescente desde la crianza consciente es dejar de ser quien da respuestas, para convertirse en quien hace las preguntas que permiten que ellos encuentren las suyas.

Preguntas suaves. Sin juicio. Sin prisa. Con ternura.

  • ¿Qué necesitás ahora?
  • ¿Qué es lo que más te está costando?
  • ¿Qué creés que te haría bien en este momento?

Y también aprender a quedarnos en el silencio cuando no hay respuesta.

Porque el silencio, cuando está lleno de amor, también acompaña.


Si pudiera volver atrás…

Si pudiera volver a ese primer día en que lo vi encerrarse, ya no entraría con consejos ni discursos. Entraría con una silla invisible y me sentaría a su lado, aunque fuera desde el otro lado de la puerta.

Y le diría esto:

“No sé lo que estás sintiendo, pero quiero saberlo cuando estés listo.
No necesito que estés bien para amarte.
Estoy aqui. Sin condiciones.”

Eso, al final, es lo único que necesitan saber.


¿Te pasó algo similar?

Me encantaría leerte.
👉 ¿Hay alguna situación en la que sentiste que tu hijo solo quería ser escuchado?
👉 ¿Qué hiciste diferente? ¿Cómo reaccionaste?

Aprender a acompañar desde la conciencia, no desde el control
Gracias por estar aquí. Estamos juntas.


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